Esta reseña también
podría llamarse “como conocí a Charles Dickens” porque en realidad no tengo que
añadir nada más ha esta antología.
Leer cuentos
supone un esfuerzo para el lector habitual de novelas. Tienes que acompasarte
al ritmo, dejarte llevar y generalmente abandonar la sensación de que le falta
algo al cuento. Pero si encima le añadimos el elemento victoriano, ay madre,
entonces sí que tenemos que hacer un esfuerzo.
Si ya de por
si los cuentos son rápidos, los ingleses victorianos corren que se las pelan.
Asique
tenemos que entender la jerga, comprender los modales y sobretodo adapatarnos a
las situaciones que en aquella época eran la mar de habituales.
No supone
ninguna diferencia respecto a leer un clásico porque en resumen es: “si quieres
leértelo, curratelo”
El problema
es que todo ese proceso tienes que hacerlo en 10 páginas o menos pero he de
reconocer que la selección es tan amena que a mitad ya le has pillado el
tranquillo y todo se te hace muy ameno y fácil. Se notan que están hechas para
entretener porque de verdad lo hacen y me encanta. Es muy recomendable para
aquellos que quieran iniciarse en los clásicos de manera lenta pero segura.
Pero llegamos
a la parte que nos acomete y que da sentido a este libro: Charles Dickens.
Nunca había leído
a este autor y no veas cómo me muero de ganas por leerlo.
JC

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